Mi primer rollo fotográfico

 

Mi primer rollo

Al final de la escuela primaria, viajé a Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina. Aquél viaje no solo marcó un destino, sino que fue el inicio de un camino que todavía recorro en mi obra fotográfica. Recuerdo que mi padre cargó la cámara Kodak Retinette con película en blanco y negro Ilford. Sin fotómetro ni telémetro, me enseñó a controlar la luz y a calcular la distancia. Dentro del estuche, un pequeño papel indicaba la velocidad y el diafragma. Esa guía humilde fue mi primer encuentro con la precisión y la delicadeza de la fotografía. Aunque era pequeño y no comprendía todo, de algún modo intuía lo complejo del proceso en aquella época analógica.

Hace un tiempo atrás, encontré ese primer rollo iniciático: veinte fotogramas expuestos, fragmentos de un viaje, memorias de la emoción de descubrir la imagen por primera vez. Cada cuadro, cada sombra, cada luz capturada parecía hablarme desde otro tiempo. Con los años, los errores y torpezas de entonces dejaron de ser simples fallos. Desde hace años los reconozco como nuevas sendas de exploración. Cada extravío, cada fallo, cada descubrimiento ha ido conformando mi trabajo. Imagen y memoria se entrelazan en una búsqueda constante, un diálogo silencioso entre el pasado y el presente, entre la luz y la mirada que observa.